jueves, 17 de diciembre de 2015

Balance 2015: ¡Salí triunfante!

No soy mucho de exteriorizar mis reflexiones personales, mucho menos las de fin de año pues me parecen eso, personales.

Este año es diferente; tuvo muchas cosas buenas, muchas otras malas y, por alguna razón, desde hace días tengo la enorme necesidad de escribirlo y compartirlo; tal vez porque quiero que nunca se me olvide este año o porque logré cosas tan importantes que sólo quiero inmortalizarlo.

Agárrense que se viene un discurso largo.

Nunca antes había sido tan feliz en un trabajo, me llena de satisfacciones todos los días y me hace disfrutarlo de principio a fin. ¿Que no descanso todas las semanas? ¿Que los horarios son complicados? No importa, es más, ni siquiera lo pienso.

He aprendido a querer y admirar a un equipo de fútbol que no es el de mis amores. Los futboleros saben que eso no es sencillo… Los que no gustan de fútbol no entienden esto último, pero es algo muy fuerte. Mi apoyo y dedicación se encuentran al 100% aquí y eso me hace feliz.

¡Por fin la terminé! Sí, justo hace unos minutos me enviaron “la liberación de mi tesis”. Termino la maestría con un 9.7 de promedio, lo cual me llena de orgullo y satisfacción a pesar de no haber cumplido con el 10 de promedio que me había propuesto al iniciar hace 3 años (tenía menos de 30 años, era joven y una loquilla, no sabía lo que decía).

Estos fueron, probablemente, los 3 años más difíciles de mi vida. No porque la maestría haya sido difícil por sí misma, pero porque desafiaron todo lo que soy (o era), todo lo que pienso (o pensaba) y todas mis relaciones con otras personas. De esto hablaré más adelante.

Concluí una tesis que me sacó muchos corajes (más porque odiaba el tema que por difícil) y terminé convirtiéndola en un documento útil hasta para un proyecto de emprendimiento. Nada es peor que tener que escribir un documento de esta importancia (y tamaño) odiándolo tanto. Nunca quieres hacerla, aplazas cada etapa lo más posible y al final te avientas varias jornadas de 8 horas para lograrlo. De verdad no creí que lo haría, pero lo hice y por eso soy una fregona.

¡Cambié de profesión! Y no puedo ni quiero hablar más al respecto, sólo sepan que no fue sencillo.

¡Y ahora soy vegetariana! A semanas de cumplir un año sin comer carne (sí, yo, la que se iba todos los domingos a comer “un pedazo de vaca”, como solía expresarme), adquirí un renovado amor por los animales y llegué a la conclusión de que no necesito alimentarme de ellos ni pertenecer a la industria que tanto los lastima. ¿Voy a cambiar al mundo? Probablemente no, ni me interesa evangelizar. Esto lo hago por ellos y lo hago por mí. El siguiente paso es el veganismo pero para eso debo cumplir con 12 meses como vegetariana (meta personal) y el 12 de enero es el día.

12 de enero, veganismo y 17 de enero me traen a un tópico desagradable. La pérdida de personas valiosas en mi vida, cuatro para ser exactas. Los cuatros eran básicos en mi “felicidad".

Al primero lo dejé ir. Después de cuatro años de intentar forzar que las cosas funcionaran, creo que los dos nos dimos cuenta de lo perfectos que somos el uno para el otro y lo malos que somos para estar juntos. It wasn’t meant to be y por fin lo entendimos. O al menos eso me gusta pensar. Lo extraño y pienso en él todos los días pero ya no me duele. Ya lo dejé ir.

Los otros tres… ¿Qué les digo? Ellos son los que más duelen. A unos los saqué de mi vida y el otro se salió a empujones porque, aunque ahí sigue, en realidad ya no está. Personas admirables y entrañables en muchos aspectos, personas que lo fueron todo en una importante etapa de mi vida y, sin más, se fueron. Salieron en formas distintas y en diferentes circunstancias, pero ya no están. No como yo quisiera que estuvieran.

Para ser una persona que siempre ha optado por el “sumar amigos, nunca restarlos” esto es un golpe enorme y siento que cada uno se llevó un pedacito de mí con ellos pues nunca podré volver a ser igual, particularmente sin uno de ellos. Sepan que su partida me ha dejado enormes enseñanzas: ya no soy tan ingenua, ya no me entrego por completo a las personas, ya no confío en cualquiera, ya no permito que me lastimen, lastimo menos a los cercanos a mí y ya no me tomo las cosas tan personales.

Lo que me lleva a que conocí a personas extremadamente difíciles este año. De esos que parece que nada más vinieron al mundo a triunfar con su egocentrismo, ¡y vaya que me hicieron difícil la vida! Sin embargo, no todo es tan malo pues por fin entendí que no soy "yo contra el mundo", que no todo lo que la gente dice y hace es para hacerme daño.

Esta idea había sido una constante en mi vida, siempre sintiéndome agredida, haciéndome la ofendida, sufriendo cosas que tal vez ni siquiera me correspondía sufrir, comprando problemas de a gratis. Siempre creí que alguien más debía cuidarme y ya me di cuenta que no, no soy responsabilidad de nadie, en ningún sentido, más que de mí misma. No todos me van a dar siempre la razón, no todos van a cuidar lo que dicen y lo que hacen por no lastimarme. ¡Y está bien! Si al mundo le soy indiferente, ¡está bien!

No ha sido nada sencillo, pero poco a poco lo he logrado gracias a algunas personas clave. Amigos que han sabido estar tanto en las buenas como en las malas… Particularmente en las malas que, conmigo, a veces son muchas.

¡Gracias a esos que se quedaron! Gracias también a los que llegaron, particularmente esa persona que no lo sabe pero ya es importante en mi vida, pues él me ha empujado a reconocer muchos de mis defectos y a mejorar en muchos aspectos de mi vida. Gracias, dudes.

Y, pues, la soledad… ¡Qué año más solitario! Pero si no se disfruta de la soledad, ¡qué flojera! La soledad es buena y aunque a veces se le sufre bastante, al final no hay nada mejor que ser feliz contigo misma por ti misma y por lo que eres y haz logrado.

Y pues nada, hoy me siento feliz. Feliz por todo lo que he logrado por mí y para mí, sin ayuda, ni consuelo de nadie.

¿Qué es lo mejor de todo esto? Que lo hice sin lastimar a nadie. Soy más egoísta que antes con respecto a lo que es bueno para mí (he dejado de complacer personas por pertenecer) pero nunca a costa de los sentimiento y bienestar de alguien más. Eso, para mi gusto, es de admirarse.

Gracias a la vida porque tengo a mis papás y a mi hermana. Ellos sanos (después de un horrible susto) y ella a punto de volver a casa. Mi familia son mis mejores amigos, las personas más valiosas del universo y por ellos es que pude salir adelante. Gracias.

Gracias 2015 por hacerme una persona más fuerte e independiente. Sí, fue con golpes fuertes, pero salí victoriosa y, por primera vez, mejorada y fortalecida.

Esto va por un 2016 igual de gratificante y desafiante:
¡Que mi trabajo me siga enseñando cosas nuevas todos los días!
¡Que mis propósitos personales los siga logrando con creces!
¡Que lleguen personas nuevas que aporten situaciones positivas!
¡Que se vayan los que traigan sólo drama y puñaladas por la espalda!
¡Que me reencuentre (y sepan entenderme) con los amigos que descuidé (en mi último año de maestría y el primer año del mejor trabajo hasta la fecha)!
¡Que siga estudiando!
¡Que siga creciendo!
¡Que siga madurando!
Y si de pedir cosas se trata, ¡que… (ese mejor me lo guardo para mí solita)!

Hoy, me siento en paz.